Sólo.

Solo, 
perdido y loco. 
Reconozco los vientos 
que acarician mi cara. 

La distancia, 
la lejanía, 
¿Qué sé yo, 
lo que agita mi alma? 

En este rincón 
con una realidad 
que muerde, 
me siento protegido. 

Envuelto en oscuro, 
dónde los azules, 
cada vez, 
son menos diferentes.

Con este viento 
y en este oscuro, 
observo la inmensidad 
que nos toca vivir. 

Y siento 
que somos iguales, 
que nada es distinto 
en su esencia. 


Antonio Alvarez de Garmendia.






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