Gacela de amor herido.
Nadie comprendía
el perfume
de la oscura magnolia
de tu vientre.
Nadie sabía
que martirizabas
un colibrí de amor
entre los dientes.
Mil caballitos persas
se dormían
en la plaza con luna
de tu frente,
mientras que yo
enlazaba cuatro noches
tu cintura,
enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines,
tu mirada,
tu mirada era
un pálido
ramo de simientes.
Yo busqué,
para darte,
por mi pecho
las letras de marfil
que dicen siempre.
Siempre,
siempre
y siempre.
Jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas
en mi boca,
tu boca ya sin luz
para mi muerte.
Gacela de Amor Herida.
Federico García Lorca
versión libre de
Antonio Alvarez de Garmendia.
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